Renacimiento Invernal
Llegué al puente de la sonrisa extrema, me encanté
y dibujé en el aire un sonido arcaico, lejano.
Todo parecía indicarme un camino
y anduve descalza.
Oh!... desde allí que vista!... :
mis delirios,
mi desliz,
mi estupidez,
y mi brújula perdida.
Hasta bebí la nieve del cielo para saciar mi garganta,
y sucumbí mi soledad exquisita.
Ya perdida, mar adentro, las alegorías de mi misma aún flotaban,
llamando entre las olas, por ser salvadas.
Noches sin luna, y lejos de mí, me fui alejando en la tormenta
y morí sencillamente, en cada ola y su vertiente embravecida.
Me cuenta un bandoneón :
que estoy llegando...
domingo, 27 de mayo de 2012
más hojas muertas
La sobriedad
Clavo de olor en mis pasos, vigilia repetida;
la muerte puede venir y no habré vivido lo que quiero escribir.
Otra vez mis pies descalzos palpitando en la oscuridad,
otra vez pienso en él, y el martillo.
Debo escribir la oración de la niña, salvarla;
debo salir del placard, vigilia repetida.
Clavo de olor en mis pasos, vigilia repetida;
la muerte puede venir y no habré vivido lo que quiero escribir.
Otra vez mis pies descalzos palpitando en la oscuridad,
otra vez pienso en él, y el martillo.
Debo escribir la oración de la niña, salvarla;
debo salir del placard, vigilia repetida.
La luna duerme, pero mira (Fin del Íncubo)
Yo le pedí a la luna sólo una plegaria,
mientras caía el agua sobre mi cuerpo, y crezco, crezco.
Pedí ser un cisne negro,
una hoja más que lleve el viento, lejos, lejos.
Pedí las noches de los dulces sueños,
ser pequeña, y que él no venga, no venga.
Pero crecí, y crecí,
y él siempre estaba en mi puerta.
Sólo en mi puerta, pero respirando cerca, muy cerca;
tal vez la luna lo detuvo cada noche, cada fuego, su fuego.
Adios intruso Íncubo, hoy por fin, te despido para siempre,
la luna duerme, duerme, pero mira, y a tí, te espera la muerte...lenta, feroz, infinita.
Yo le pedí a la luna sólo una plegaria,
mientras caía el agua sobre mi cuerpo, y crezco, crezco.
Pedí ser un cisne negro,
una hoja más que lleve el viento, lejos, lejos.
Pedí las noches de los dulces sueños,
ser pequeña, y que él no venga, no venga.
Pero crecí, y crecí,
y él siempre estaba en mi puerta.
Sólo en mi puerta, pero respirando cerca, muy cerca;
tal vez la luna lo detuvo cada noche, cada fuego, su fuego.
Adios intruso Íncubo, hoy por fin, te despido para siempre,
la luna duerme, duerme, pero mira, y a tí, te espera la muerte...lenta, feroz, infinita.
hojas muertas
Lo que era
Vientos,
cocina despojada de esperas,
voces jóvenes, habitaciones abiertas
risa, risas y tentaciones
exilio y próxima vida, adentro y afuera.
La espera de mi cuerpo
tésis, final y oral
muelle y salvedad,
fractura expuesta de mi libertad.
La mañana grita un secreto que no puedo escuchar
aún no,
y el café se prepara cada día y espera
pero no estoy ahí, ni aquí.
Lluvia de hojas, la tierra
lluvia sonora y perpetua,
lluvia diagonal, marea que marea
parada, despedida y viajante ladera
Vientos,
cocina despojada de esperas,
voces jóvenes, habitaciones abiertas
risa, risas y tentaciones
exilio y próxima vida, adentro y afuera.
La espera de mi cuerpo
tésis, final y oral
muelle y salvedad,
fractura expuesta de mi libertad.
La mañana grita un secreto que no puedo escuchar
aún no,
y el café se prepara cada día y espera
pero no estoy ahí, ni aquí.
Lluvia de hojas, la tierra
lluvia sonora y perpetua,
lluvia diagonal, marea que marea
parada, despedida y viajante ladera
cuento
Las Polillas.
Esto no es una carta, ni una nota, ni siquiera un cuento. Tal vez sea un diálogo con alguien que no existe, o con algo; con la ventana que nadie ve, o con el cedro azul de la esquina.
El tema es "las polillas". Así es, pasan cosas extrañas. Me gustaría haberte comentado que estaban, revoloteando intrépidas y avasallantes, mientras te esperaba. Me gustó esperarte. Era algo normal, al fin. Ni la luz ensordecedora, ni la música pop moderna del bar ochentoso podían contra mi sonrisa despojada. Pero sabía que era ese solo momento. Un momento normal. Hasta preferí que tardaras. Quería seguir viendo las polillas, y recordando aquel otro momento, yo en el piso, vos al borde de la cama, sonriendo con los dientes, al fin, contándome de las polillas, de lo que nadie debía saber, complicidad, confesión, un secreto.
Llegaste y no las viste. Nos fuimos. Hablamos de horas y nombres de calles. Mientras te bañabas se repetía Branco y Preto. Íbamos juntando recuerdos sin saber. Y callamos los dos. Tu cuerpo me contó el anhelo.Tu frente en mi pelo y tu boca. Bebimos del otro el respiro, la cara, las manos, el quiero, mi ombligo, tu inmensidad y mi alivio.
Lloré unas tres horas más tarde. Dormías, o cerrabas los ojos. Pensaba en las polillas, en que nunca podríamos conversar de lo rica que estaba la cena, o de que tales medialunas eran las mejores del barrio, porque yo te dejé antes de amarte. Dejé por vez primera que tu silencio lejano me raspara. ¿Pensaba en las polillas?
Tuve que decir a medias algo que no sabía. Quería verte los dientes de nuevo. Acaso no me bastaba con tu omisión. Dije lo que quería escuchar tu boca taciturna :oblivión. Sonreíste.
Violinera
miércoles, 4 de enero de 2012
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